Que son las fibras musculares

Que son las fibras musculares

Fibras musculares esqueléticas

ResumenLos tres tipos de tejido muscular son el cardíaco, el liso y el esquelético. Las células musculares cardíacas se encuentran en las paredes del corazón, tienen un aspecto estriado y están bajo control involuntario. Las fibras musculares lisas se encuentran en las paredes de los órganos viscerales huecos (como el hígado, el páncreas y los intestinos), excepto el corazón, tienen forma de huso y también están bajo control involuntario. Las fibras musculares esqueléticas se encuentran en los músculos que están unidos al esqueleto. Tienen un aspecto estriado y están bajo control voluntario.

Tipos de músculo esquelético

¿Quiere aumentar la resistencia? ¿Y la potencia? ¿Hay que desechar los sueños de ser un bateador estrella o un corredor de maratón si los coeficientes de contracción no son ideales? No necesariamente. Los tipos de fibras musculares a los que se dirigen los distintos tipos de programas de entrenamiento pueden influir en los objetivos del entrenamiento del rendimiento deportivo.

Los músculos esqueléticos están formados por fibras musculares individuales. Y al igual que los músculos, no todas las fibras musculares son iguales. Hay dos tipos de fibras musculares esqueléticas, las de contracción rápida y las de contracción lenta, y cada una de ellas tiene funciones diferentes que es importante comprender cuando se trata de programar el movimiento y el ejercicio.

Las fibras musculares de contracción lenta son resistentes a la fatiga y se centran en movimientos pequeños y sostenidos y en el control postural. Contienen más mitocondrias y mioglobina, y son de naturaleza aeróbica en comparación con las fibras de contracción rápida. Las fibras de contracción lenta también se denominan a veces fibras de tipo I o rojas debido a su suministro de sangre.

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Las fibras musculares de contracción rápida proporcionan fuerzas más grandes y potentes, pero de menor duración y se fatigan rápidamente. Son más anaeróbicas y tienen menos riego sanguíneo, de ahí que a veces se las denomine fibras blancas o de tipo II. Los músculos esqueléticos contienen ambos tipos de fibras, pero las proporciones pueden variar en función de diversos factores, como la función muscular, la edad y el entrenamiento.

Músculo cardíaco

Hay más de 600 músculos en el cuerpo humano; son responsables de todos los movimientos que realizamos, desde el bombeo de la sangre a través del corazón y el movimiento de los alimentos a través del sistema digestivo, hasta el parpadeo y la masticación. Sin las células musculares, no podríamos estar de pie, caminar, hablar o realizar las tareas cotidianas.

Los músculos esqueléticos están unidos al esqueleto y son responsables del movimiento de nuestras extremidades, el torso y la cabeza. Están bajo control consciente, lo que significa que podemos elegir conscientemente contraer un músculo y podemos regular la intensidad de la contracción. Los músculos esqueléticos están formados por una serie de fibras musculares. Cada fibra muscular es una célula muscular individual y puede tener entre 1 mm y 4 cm de longitud. Cuando decidimos contraer una fibra muscular -por ejemplo, cuando contraemos el bíceps para doblar el brazo hacia arriba-, el cerebro envía una señal al músculo a través de la médula espinal. Esto indica a las fibras musculares que se contraigan. Cada nervio controla un determinado número de fibras musculares. El nervio y las fibras que controla se denominan unidad motora. Sólo un pequeño número de fibras musculares se contraerá para doblar una de nuestras extremidades, pero si deseamos levantar un gran peso, se reclutarán muchas más fibras musculares para realizar la acción. Esto se llama reclutamiento de fibras musculares.

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Tendón

El músculo esquelético es un componente importante de la composición corporal de los seres humanos, que suele representar más del 40% y el 30% de la masa corporal total en hombres y mujeres, respectivamente (Kim et al., 2002). La función más aparente de los músculos esqueléticos es generar las fuerzas necesarias para mantener una postura erguida y producir movimiento. Sin embargo, los músculos esqueléticos también desempeñan funciones importantes en muchos otros procesos fisiológicos, como la termogénesis (Rowland et al., 2015), el metabolismo (Baskin et al., 2015) y la secreción de numerosos péptidos para la comunicación con otros tejidos (Pedersen y Febbraio, 2012). Por lo tanto, la promoción y el mantenimiento de la salud del músculo esquelético es de vital importancia. Aunque, en los últimos años, los miméticos farmacológicos del ejercicio han despertado un creciente interés científico (Fan y Evans, 2017), sigue siendo el ejercicio físico el que se considera, con diferencia, la herramienta más potente y universalmente aplicable para estos fines.

A lo largo de las últimas décadas, se han realizado miles de estudios de entrenamiento en un intento de identificar las modalidades de ejercicio más adecuadas para aumentar el tamaño del músculo y mejorar sus características funcionales en diferentes cohortes (por ejemplo, en el momento de redactar este manuscrito, Pubmed arrojaba más de 24.000 resultados para los operadores de búsqueda «exercise» y «muscle strength»). Los resultados de estos estudios han inspirado diversas directrices de prescripción de ejercicio, de las que probablemente las más conocidas son las posiciones publicadas y actualizadas a intervalos irregulares por el American College of Sports Medicine (2009), Garber et al. (2011). La mayoría de los estudios basan su evaluación de la eficacia de las intervenciones de entrenamiento en el examen de las células musculares contráctiles. Los parámetros que se estudian con frecuencia son el tamaño del músculo medido a nivel de órgano (Fisher et al., 2011) o de célula (Schoenfeld, 2010), la distribución del tipo de fibra (Adams et al., 1993), la arquitectura (Aagaard et al., 2001), así como el impulso neural a los músculos (Folland y Williams, 2007).

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